viernes, 9 de diciembre de 2011

Costa Risa y Ramonet, un mundo de colores

Sesenta y cuatro mil repeticiones hacen la verdad” Aldous Huxley



¿Tiene algún significado concreto el título de este artículo? Puede que al principio parezca que ninguno, pero es posible que al leerlo usted se quedará pensando por un momento ¿Qué carajos?

Bien, resulta que si fue así lo he logrado, capté su atención por un breve instante, lo suficiente para que leyera hasta aquí y siga preguntándose qué diantres es lo que quiere decir el tipo que escribe.

Le prometo no hacerlo esperar más. Resulta que el motivo de este breve artículo es ese singular spot titulado Costa Risa (¡Aaaah, por ahí iba la cosa!) que circula por los medios electrónicos, cuyo fin es satirizar el sonado plan fiscal que impulsan la Presidenta Laura Chinchilla y el Partido Acción Ciudadana (PAC), su paradójico aliado de turno.

Dejando de lado si usted o yo estamos a favor o en contra del susodicho paquete (paquetazo dicen unos) ¿quién puede negar la eficacia de anuncios como este? En cuestión de un minuto y 12 segundos (bastante largo para el formato de spot, que en promedio no supera los 30 segundos) un grupo de payasos que me recordaron mis pesadillas infantiles con IT, (gracias, creía haberlo superado) nos dicen con aire sarcástico que nos quieren embaucar con más impuestos en nombre de la corrupción para, entre otras cosas, poder comprar a costillas del pueblo los tiquetes a Miami de “nuestros amigos”. Efectivo.

Como podía esperarse el video ya está dando vueltas por las redes y sirviendo de condimento para el debate sobre si es urgente o no meternos más impuestos...¡alto! ¿debate? sí sí debate, discusión de ideas contrapuestas, ideal o idealismo democrático cuyo objetivo es llegar a las decisiones más concianzudas y ojalá provechosas para el colectivo. Debate, debate...

No estoy tan seguro. La cuestión es que de un tiempo para acá me inclino a desconfiar que tal cosa se haga en Costa Rica, esto como reflejo de una tendencia mundial impulsada por la mediatización de las informaciones, expoleadas más en la necesidad de vender basándose en las emociones que de convencer con razones y de -cómo no- hacernos creer que estamos informados cuando lo cierto es que estamos apenas untados por encimita de una marejada de imágenes, sonidos y palabras.

Dicen los entendidos en comunicación que desde la más tierna infancia estamos expuestos de cuatro a seis horas diarias frente al televisor (patrón que se repite en Internet) , en ese tiempo el pobre sujeto, -o sea, todos nosotros- no solo se ha tirado sus series favoritas, caricaturas, fracasos de la Sele, películas porno, telenovelas, noticiarios, más películas porno y más telenovelas, sino que ha absorbido una cantidad impresionante de anuncios publicitarios! de detergentes, cigarros, bebidas gaseosas y alcohólicas, cosméticos, condones, automóviles, paquetes turísticos y si, propuestas políticas y electorales.

Dicen los entendidos (bla, bla, bla) que el significado de spot es de aquel breve espacio visual o radial que en poco tiempo es capaz de insuflar en el televidente/oyente una idea inconsciente que, producto de las repeticiones y repeticiones y repeticiones a las que el individuo es sometido lo terminan, más que convenciendo, empujando a ciertos hábitos de consumo o comportamiento.

No importa si tal spot nos resulte insoportable (recuerde al ama de casa con la canasta de ropa que se brinca el aplanchador para ir a jugar con su hijo mientras agradece al detergente por darle tiempo para hacerlo), el asunto es que su éxito no es tanto que nos resulte agradable como de que resultado de las infinitas reiteraciones, reiteraciones y reiteraciones usted y yo terminemos absorbiéndolo en nuestro disco duro y a la larga creyéndolo, o al menos viéndolo como natural y aceptable. Ya lo decía Aldous Huxley en su Mundo Feliz cuando afirmaba que sesenta y cuatro mil repeticiones hacen la verdad. Nunca nada tan cercano a la realidad.

Lo cierto del caso es que vivimos en un mundo frenético, piense nada más: cable como una lista interminable de canales, cada uno vendiéndole productos entre pausa y pausa y dentro de la misma trama, publicidad llenando las calles en paradas, buses, edificios, puentes y parques; anuncios en las redes sociales, en la radio, en los buscadores de Internet y en mensajes cortos en nuestros celulares; todos ellos con el claro objetivo de que nos inclinemos a comprar o creer algo en particular sin pensarlo demasiado, o mejor aún, sin pensarlo.

La fórmula incluye además achacar sobre viejos miedos, prejuicios, frustraciones y anhelos inconfesables que salen a la luz al contemplar la figura irresistible de Charlize Theron vendiéndonos Dior (¡o por Dior!), envidiando la suerte de Banderas y su Diavolo, soñando con conducir el último orgasmo automotor de Audi o entrando en pánico ante el candidato que anuncia catástrofes si su rival gana, el de ese otro candidato prometiéndonos el paraíso al canto de un espectacular Yes, We can! o el más criollo ¡Adelante Costa Rica! de la hoy presidenta de este terruño. ¡Colores, colores!

¿Qué si los payasos It (no voy a dormir esta noche) y su lúgubre circo entran en esa categoría? ¡sin duda! Vaya, vea de nuevo el video y verá que en poco más de un minuto el audiovisual lo que hace con sus neuronas es “convencerlas” de que el bendito plan fiscal es malo per se, porque, como de costumbre, los políticos son corruptos, se quieren burlar de la gente de a pie, pagar a costa suya sus lujos y además reírse en su cara ¿argumentos? no hay, solo flechas directas al lado emocional del cerebro a la espera de que usted pegue un brinco de indignación sin apenas reflexionar el por qué, si hacer una pausa, ponerle mudo al tele o pausa a Youtube y pensar ¿Quién pagó este anuncio? ¿Por qué razones? O sea, el anuncio está bonito pero dudo que el ciudadano de la calle tenga dinero en el bolsillo para costear semejante producción. Solo para empezar...

Haga la pausa, recuerde que nadie le está diciendo si el plan fiscal está bien o mal, o si el detergente aquel alimenta las bases del machismo (bueno en este caso sí, lo hace), pero sí que una persona nunca debería tomar decisiones basándose en mensajitos ligeros y creativos, el peso de hacer eso va desde comprar algo inútil que quitará espacio en el patio o lo abrirá en la billetera, hasta votar por el candidato o candidata equivocado o apoyar la causa menos justa. Eso requiere tiempo y sesos, ninguna buena decisión se toma al calor de un colerón, de una indignación o de la desesperación por comprar el Wii más reciente que todos tienen menos yo. Se requiere cabeza fría.

Casi lo olvido, Ramonet, Ignacio Ramonet es un teórico de la comunicación que en uno de sus libros dijo lo siguiente sobre los spots publicitarios y sobre lo que él en general llamaba golosina visual:

Hoy sabemos, con espanto, que nuestra sumisión y el control de nuestros espíritus no serán conquistados por la fuerza sino a través de la seducción, no como acatamiento de una orden, sino por nuestro propio deseo, no mediante el castigo, sino por el ansia de placer...”

Yo agregaría también por el temor a nuestros fantasmas...

No hay comentarios: