miércoles, 28 de septiembre de 2011

Sión, Washington y el gran teatro del cinismo

PAZ, en lengua árabe y hebrea.
El 7 de enero de 2009 este blogger escribió El Fin de un Mito, post que trató de explicar la génesis mitológica que sirvió como base espiritual para la creación del moderno estado de Israel. 

En aquel entonces escribí mi artículo basándome en las investigaciones de tres expertos judíos: Israel Finkelstein y Neil Silberman por un lado, y Shlomo Sand por el otro. Lo invito a leerlo.

Sin caer en simplismos, el texto en cuestión abordó lo que en ese momento consideré importante analizar desde mi perspectiva escéptica y crítica, sin afán de machacar demasiado en las creencias de hebreos y árabes, y basándome solo en tesis que lejos de ser refutadas han ganado credibilidad con los años.

Recordé este post a propósito de la discusión en la ONU sobre la petición para crear el Estado de Palestina, y de la resistencia esperada de Israel y la reacción no tan esperada de Barack Obama, jugándose el escaso prestigio de su país en el mundo árabe con tal de no perder las elecciones, acusado de traicionar a su aliado en Medio Oriente.

En un artículo de opinión del 24 de setiembre pasado para El País de España, Javier Valenzuela atinaba al afirmar:

"El hombre cuyo verbo hacía soñar y que proclamaba que puede cambiar un mundo injusto, ha ofrecido argumentos de sofista y no de los brillantes, para oponerse al reconocimiento del Estado palestino por Naciones Unidas. Soltarles a los palestinos que, en vez de solicitar el reconocimiento internacional, deberían negociar con Israel es un insulto a la inteligencia universal. Las conversaciones de paz sobre el tumor primario de Oriente Próximo languidecen desde hace ¡20 años!

Y también: 

"Es triste: el autor de la idea de que Palestina se convierta en miembro de las Naciones Unidas no fue otro que el propio Obama. El 23 de setiembre del pasado año, hablando en la Asamblea General, dijo que su deseo era que ahora Naciones Unidas tuviera en 2011 un nuevo miembro. "Un Estado soberano e independiente de Palestina viviendo en paz con Israel". Los palestinos le tomaron la palabra."

El gran problema fue que Obama olvidó la propia. 

Sería absurdo afirmar  que Obama  basa su oposición en la creencia mítica de la Tierra Prometida dada por Yahvé a los judíos para que allí naciera Jesús; en el caso de Benjamin Netanyahu, me inclinó a pensar lo mismo aunque su partido, Likud, sea el hijo del sionismo revisionista, un movimiento de derecha extrema y nacionalista que pregonaba los creación de un estado con la misma extensión que, según la Torá, tuvo el reino mitológico de David.

No, sus verdaderas razones no son esas, aunque está claro que políticos y predicadores de uno y otro país promueven tal idea para exacerbar el fanatismo religioso de sus seguidores con el objetivo de preservar sus intereses militares y económicos en la región. 

Oriente Medio es el desvelo de la clase político/empresarial estadounidense gracias a sus inmensas reservas de petróleo. En nombre de éstas y no de la democracia Bush padre y luego hijo destrozaron Irak.

El lobby pro-Israel en Washington no solo defiende al pequeño Estado judío en nombre de sus  creencias o de traumas colectivos post genocidio, sino a intereses financieros y políticos que se mezclan con los de sus pares norteamericanos. El afán a ultranza de estos grupos de poder pasa por cosas más tangibles como la influencia política en la región, la venta de armas y otras jugosas industrias que por  la imaginaria promesa de una deidad semítica a una tribu olvidada de Canaán. 

Hoy, Washington y Tel Aviv se juegan su credibilidad -la poca que les queda- en nombre del poder y las riquezas. Israel seguirá construyendo asentamientos en suelo palestino simple y llanamente porque quiere desaparecer cualquier posibilidad de un estado árabe justo a la mitad del propio, cuya sola idea pone los nervios de punta a los Gatillo Fácil de ambos lados del Atlántico. Ellos necesitan un Israel fuerte y agresivo para defender lo que creen suyo frente a la potencia emergente de Irán o cualquiera que ose contradecirlos.

En este contexto, que Israel sea o no el pueblo elegido y que los cristianos fanáticos esperen la segunda venida de Cristo en Sión es secundario, pero  políticamente útil, mientras exista gente dispuesta a creen en historias de la Edad de Bronce. Lo cierto del caso es que, aún sin mito, los que manejan los hilos intentarán hasta donde puedan -y pueden mucho- que nunca exista un Estado Palestino como tal.



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