lunes, 22 de noviembre de 2010

La fantasía como herramienta

Las andanzas de un mago adolescente y las analogías con el Tercer Reich.


Voldemort mira con desprecio a la bruja que está a punto de asesinar, la razón: ella cree que magos y muggles (gente común) pueden convivir y hasta reproducirse juntos sin atender a reglas de castas o razas superiores.

Así, desde el el inicio, la fantasía creada por J.K Rowling conocida como Harry Potter, intenta ir más allá de un simplón cuento para niños, y entre líneas realiza un ejercicio pedagógico con la generación de jóvenes lectores que siguen la saga del novel mago de las gafas redondas.

¿Cómo se mira por dentro un relato de fantasía? para cualquier persona algo versada en historia moderna es evidente que la escritora británica desea que los seguidores de Potter comprendan e identifiquen los nefastos resultados de la xenofobia, el racismo y el fascismo más puro en la figura de un maligno líder, cuyo discurso tiene demasiadas similitudes con el de Adolfo Hitler, y su movimiento con el nacionalsocialismo del Tercer Reich. 

El arresto, tortura y asesinato sistemático de muggles -judíos del mundo fantástico de Rowling- de mestizos y de disidentes del régimen despótico de Voldemort  crean un paralelismo con los hechos acaecidos en la Alemania de la primera mitad del siglo XX, aunque también con el Estados Unidos esclavista o el colonialismo elitista británico, turco, español o francés.

La lucha de los disidentes contra la crueldad y la relevancia en la trama de una maga de ascendencia muggle sienta una moraleja interesante que pude ser captada por su público meta: de donde vienes o quién eres no define tu valor ni lo que eres capaz de aportar. Lección valiosa en todas partes, incluso en lugares tan políticamente intrascendentes y satelitales como Costa Rica y Nicaragua.

Echar mano de la fantasía para adoctrinar a niños y hasta a adultos es una añeja costumbre que se remonta a nuestros orígenes: desde las tragedias de Sófocles, pasando por las fábulas romanas y las cuentos medievales como el de la Caperucita mestruante, hasta la visión humanista de Star Trek u orwelliana de Star Wars, todos han servido a los intereses de la moral de turno; con Rowling no es la excepción, y dada la antipatía del autor por cualquier cosa que huela a fascismo bienvenida sea. 

Lo único que pediría es que la fantasía sea tomada como tal, algo entretenido y ficticio, y que la lección se diseccione de ella una vez se recibe. En este caso el fin sí justifica los medios.

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