jueves, 1 de julio de 2010

Que el sexo de las ideas mueva al mundo


 Por Nancy De Lemos*



“Pocas veces encontrás a alguien con quien podés tener sexo con el cuerpo y con la mente”. Sin duda, y por mucho, el mejor piropo que oí en la vida.

Una frase con fuerza de martillo que me rozó la piel con la suavidad y sensualidad de una pluma; lanzada sin previo aviso a través de un mensaje de texto en mi celular mientras caminaba, o más bien, me arrastraba hacia la oficina por la absoluta falta de sueño de la noche anterior.

Sin embargo, y en contra de todos los pronósticos, una vez pasada la sonrisa y emoción inicial, esta frase que cualquiera podría simplemente guardar en la gaveta de lo romántico o de la cursilería, me empujó a reflexiones de otro tipo; obligándome a pensar y ¿qué carajos significa tener sexo con la mente?, ¿con qué se come eso?, especialmente  en un paisito como Costa Rica, donde nos preciamos de ser tan pudorosos y santurrones que intentamos -con orgullo y relativo éxito- ser monógamos y aburridos hasta con las ideas.

Me explico. El Wall Street Journal publicó hace unas semanas un artículo sobre la evolución de la inteligencia colectiva, en el que se afirmaba que la tasa de cambio cultural, e incluso económico en una población, depende del grado de interacción entre los individuos.

Básicamente, evolucionamos como inteligencia humana colectiva en la medida en que nos abrimos (sí, aunque el cerebro no tenga piernas), en que dejamos a nuestra mente ir a coquetear, ligar y hasta manosear nuevas ideas, nuevos conceptos y visiones del mundo.

Construimos una mejor sociedad sólo, y sólo si, es permitido el sexo libre y sin tapujos; la copulación liberadora de ideas, ya sea en parejas o tríos, y mejor si es en enormes orgías que habrían sido la envidia de generaciones anteriores.

Pero seamos honestos, uno no quiere hacerle el amor, ni siquiera revolcarse en un motel, con cualquier idea barata, fofa y aburrida. ¡Por su puesto que no! Igual que con el cuerpo, salimos a la calle en busca del mejor candidato, o candidatos, y debemos usar nuestras armas, las triquiñuelas más selectas y efectivas para llamar la atención de alguien que valga la pena (en la mayoría de los casos).

Tiendo a creer que sucede igual con las ideas y esto sin duda nos plantea una situación complicada: ¿Qué lencería se usa para la mente? ¿Hay un Victoria Secret’s, o para ser más criollos, un Bésame, para resaltar los atributos de los pensamientos? Demonios, ¡qué dilema!

Hasta ahora, la única respuesta coherente que he encontrado es que la tienda “Erótica” por excelencia para nuestro cerebro, -y sí, debe ser igual de popular- es la educación, ofreciendo en sus estantes genuino conocimiento y sobre todo, propiciando el hábito de cuestionar, de analizar y de disentir.

Si no tenemos ideas sexys, jóvenes y hasta un poco locas o revolucionarias, terminaremos siendo la esposa aburrida que usa camisón y rulos y se frota con Cofal todas las noches; o el esposo panzón, pegado a la tele y que además tiene problemas de eyaculación precoz (cabeza vacía demasiado rápido) o peor, de impotencia (cabeza vacía siempre).

Para mantener atractiva nuestra mente, debemos desechar -sin ninguna duda- la rutina de lo conocido de memoria, de lo familiar. El sexo monogámico, o con si acaso deslices ocasionales, pero solamente entre los de mi misma religión, color político, clase social o profesión, tiene un resultado desagradable y previsible, que conocemos bien porque la naturaleza es sabia maestra y nos advierte.

El cruce reiterado entre familiares y personas demasiado cercanas produce muchas veces niños con problemas genéticos. Es lo mismo para el sexo del pensamiento, y sus hijos defectuosos abundan en nuestra sociedad: dogmas mutiladores y adefesios de ideas como racismo, homofobia y cualquier forma de discriminación que sólo dejan al descubierto la ausencia de caricias, cuando menos, con el otro, pero un otro diferente, desconocido.

Me pregunto qué pasaría si estos casados aburridos, que se acuestan exclusivamente con ideas semejantes a las suyas, y gozan del sexo sólo en aniversarios, cumpleaños y con suerte, año nuevo o navidad -ah, y siempre en la posición del misionero- se tiraran una cana al aire con una mente libre y poderosa que les pegue una revolcada y les regale un delicioso y real orgasmo. Uno de esos que solo se sienten al descubrir nuevos conocimientos y recordar que, al final del día, todos estamos hechos de lo mismo, carne, huesos, nervios y piel que lanzan ideas al mundo y lo moldean, y que vale la pena probar un poco de placer mientras nos dura esta vida, la única de la que tenemos pruebas fácticas.

Tal vez así veamos menos adefesios caminando por las calles, hablando por la tele, en las iglesias y hasta en Cuesta de Moras; buscando hacer la guerra en lugar del amor.

Mientras tanto, los aventureros y enamorados del pensamiento, usemos nuestra mejor y más sexy lencería y disfrutemos de cuántos amantes podamos sin ninguna culpa ni temor; total, en el sexo de las buenas ideas no hay enfermedades de transmisión sexual ni riesgo de embarazos no deseados. Bajo esas sábanas solo esperan el crecimiento y la satisfacción.

*Articulista invitada

Publicado en la Revista Paquidermo

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