viernes, 28 de agosto de 2009

El problema sigue siendo prohibir





Hace no muchos años en las casa de mis padres reinaba la ley del más fuerte, o sea, la de mis padres . Su arma para imponer orden era la faja (o cinturón).


De los tres retoños mi hermana era la más rebelde y por ende era la que más dosis de fajazos recibía pero, pese a ello, era la más reincidente, de nada valían las amenazas y las prohibiciones, ella era la que con más frecuencia rompía las reglas de la casa y la que más veces sentía el peso de la ley hogareña. Por supuesto no fue la única, más de una vez fuí yo el que recibió el "premio" por la trasgresión y pese a ello machacaba, convencido de que la razón me favorecía, cosa que no pocas veces era cierto.


Soy injusto, mis padres son buenas personas, son contadas las veces que recurrieron al castigo físico y tampoco se les puede culpar por apelar a ello, la crianza a la que fueron sujetos fue más dura en ese sentido y, aunque no la replicaron del todo con nosotros tampoco pudieron abdicar completamente a los memes que les transmitieron y no precisamente con buenos razonamientos.


Cuando pienso en la prohibición legal del aborto en mi país opino que aplica esa misma lógica, los que defienden la penalización invocan aquellas viejas enseñanzas heredadas de sus padres, de sus abuelos y en última instancia de sus autoridades morales y hay muy poco espacio para romper con ese círculo pues el mismo, so-pena de castigo, nunca estuvo sometido a discusión. Era así y ya.


Cuando vi en televisión al vendedor de pastillas abortivas huir despavorido al ser descubierto sentí coraje, no solo con el sujeto que vende medicamentos sin prescripción médica, sino por el hecho de que las mujeres que recurran a él pueden ir a parar a la cárcel, hasta por tres años, ¿me he perdido de algo? ¿cómo es eso que mujeres ordinarias podrían ser tratadas como delincuentes? entiendo el castigo para el que trafica las pastillas pero no termina de cuadrarme que se criminalice a la mujer por decidir por su propio cuerpo.


Dejemos a un lado el argumento parcialmente falaz, tramposo y sentimental de la defensa del no nacido, es inaceptable negarle al género femenino su derecho de decidir si ser o no madre, se trate de una mujer violada o simplemente un embarazo no planeado, nadie, repito, nadie debería obligar a una mujer a tener un hijo que no desea, es mucho más insensible traer niños al mundo que no se querrán y que por lo tanto no recibirán el amor y el cuidado necesario.

Admitámoslo, esa ley y la moral que la encubó son obra de hombres que pensaron que existe una naturaleza femenina intrínsicamente irresponsable, esto es, que ellas no tienen la capacidad ni el derecho de decidir por sí mismas por lo que es la sociedad la que debe decirles que hacer.



Al menos 27 mil abortos clandestinos se realizan en Costa Rica, eso significa que miles de mujeres están arriesgando la libertad y hasta la vida al tomar pastillas sin control médico. Es momento de replantearse esa ley con tufo a dogma, impartir una verdadera educación sexual y de una vez por todas respetar la libertad individual.

5 comentarios:

Johnny Castro dijo...

El problema para mí, César, radifica en que somos un país de hipócritas, es decir, de doble moral. Todos condenamos, señalamos con el dedo y buscamos la paja en el ojo ajeno (desde políticos, religiosos, periodistas, hasta el pulpero, la vecina y nosotros mismos), hasta que la realidad toca a nuestras puertas. Es como el viejo dicho "No es lo mismo verla venir, que bailar con ella".
¿La culpa quién la tiene? Todos nosotros, porque seguimos reproduciendo esquemas aprendidos y trasladándolos a las nuevas generaciones. Cuando queremos somos muy "open mind", pero solo para lo que queremos...

César dijo...

Tenés toda la razón Johnny, este es un país de mojigatos y guardar las apariencias parece un deporte nacional. Que asco.

Gracias y saludos.

Varla dijo...

Hola Primo, me viene en mente que akì en Italia existe la ley que permite el aborto, el que no quiere decir que se hayan terminado, pero que han disminuido. Tu sabes que por pincipio moral,humano y religioso no estoy de acuerdo, pero digo que es verdad quando dices que las prohibiciones no funcionan. Un abrazote de oso y gracias tu sabes porquè:) Varla.

jaramos.g dijo...

No es fácil -al menos no lo ha sido para mí- decidirse por una de las dos opciones: aborto sí / aborto no. Después de darle muchas vueltas, me he posicionado en la segunda. No voy a repetir aquí las razones que, poco a poco, me han ido convenciendo. Ahora bien, sí tengo interés en contestar a la tesis que tú expresas, referente a que se le debe reconocer a la mujer la capacidad para determinar si prosigue con su embarazo o aborta. Aparentemente, es una idea progresista, de respeto hacia la mujer, de confianza en sus facultades, etc., etc. Pero sólo aparentemente. Al menos para mí. Porque creo que, en el fondo, es un voto a favor del machismo de siempre: se trata de que algo que han hecho entre dos, al final se le endosa a la mujer. Se le echa encima la responsabilidad de decidir (que no es fácil) y, por ende, la carga de la crianza, consecuencia lógica de la decición favorable a tener el bebé. Me parece que ese razonamiento que tú recoges (y que he leído en bastantes sitios) es falaz. Te lo expongo con todo el respeto. Un cordial saludo.

César dijo...

Hola Jaramos, gracias por tu válida opinión.

Yo además estoy a favor de discutirlo abiertamente y que decidamos, si es el caso, en que momento se debe decir sí y en que no, no tiene porque ser obligatoriamente solo uno u otro.

Mi postura es obvia en este tema pero entiendo las otras opiniones, sin embargo no vivimos en teocracias donde una visión de mundo se impone, sino en una democracia donde se supone que existe libertad individual y respeto por ella, es un derecho fundamental, al igual que la vida humana claro, pero ese concepto en el caso de no nacidos está sujeto a interpretación, no así el de las mujeres.

Como sea, una nación como la mía o la tuya no deberíamos decir tajantemente que NO en un caso como este, criminalizando de paso a personas ordinarias, pero como te dije arriba, hay que dialogar.

Saludos y que estés bien.