viernes, 21 de agosto de 2009

Cuando la fe y la ley son una





Que un dogma religioso sea parte de la tradición y de la costumbre de un pueblo es un hecho común en nuestra especie, desde las procesiones de la Semana Santa católica pasando por el Ramadán islámico, el mundo está lleno de eventos que se convirtieron en parte casi inseparable de la vida diaria de los pueblos, luego de siglos de repetición.


Están otras doctrinas que sin embargo no son tan inofensivas y las vemos igual de enraizadas en nuestro entorno: las ideas, aquellas que ajenas tantas veces a la pompa del incienso, la virgen en hombros o las rodillas flexionadas, son tan comunes que un buen número de personas las toman como personales, como propias, sin caer en la cuenta de que no lo son y, peor aún, que han promovido como parte de legislación de su propio país.


Es el caso del mío y el de muchos en esta exótica región del mundo conocida como Latinoamérica. Hace tan solo unos días la Sala Primera (instancia judicial) desestimaba la demanda de un mujer contra el Estado porque éste le prohibía realizarse la fertilización In Vitro. Si bien la causa se cerró por renuncia de la demandante (alegó ser ya muy mayor) el pronunciamiento significó la consolidación de una ley basada en principios religiosos, como es la que dicta que hay un humano completo desde que el espermatozoide y el óvulo se unen, lo que viene siendo lo mismo que lo que se lee en el Catecismo de la Iglesia Católica sobre el ingreso del alma en ese preciso momento. Si bien los magistrados solo archivaron por renuncia de la querellante, la decisión consolidó el veto de sus homólogos de la Sala Constitucional para impedir esa práctica tan inhumana.


Acá, donde la construcción de un motor de plasma para vuelos espaciales se mezcla con leyes del siglo XIX, el aborto por decisión de la mujer es prohibido, al igual que la distribución de la pastilla del día después; y si usted es gay ni piense en casarse en una paradisiaca playa del Caribe costarricense. Todo está prohibido.


Que uno comprenda que el prójimo es libre de creer en lo que quiera hasta para contagiárselo a sus propios hijos no significa que apruebe que, vía leyes o tribunales nos lo impongan a todos, es incorrecto e incluso inmoral que un Estado "moderno" mantenga leyes inspiradas en principios religiosos que se sostienen por fe, de muchos o de pocos, como parece ser el caso de algunos gobernantes o altos funcionarios. Viene siendo hora que se discuta muy seriamente la implantación de un Estado laico donde las leyes amparen a todos y no sirvan de excusa para los que quieren imponer a la fuerza sus propias creencias, sin justificación alguna más que su fe sin evidencias y una legislación complaciente y vetusta.

6 comentarios:

jaramos.g dijo...

No acabo de entender la idea central de tu artículo. Dices que le prohibieron a la señora que se realizase una fertilización "in vitro". Y luego afirmas que la sentencia se basa en una ley fundada, a su vez, en una creencia cristiana, según la cual desde el mismo instante en que se unen óvulo y espermatozoide, ya hay un ser humano. No veo la relación. En todo caso, esa creencia es la que se cita para oponerse al aborto. Lo siento, es un tema de sumo interés y me gustaría enterder por completo tu pensamiento. Un cordial saludo, amigo.

César dijo...

Hola Jaramos, gracias por tu comentario y lamento no haber sido tan claro como esperabas.

La cuestión es esta: en mi país la legislación que prohibe la fertilización in vitro y el aborto se inspira en la tradición cristiana, que dicta que hay un persona completa desde la concepción lo que, por lo menos desde la perspectiva desde este blog, no es cierto en su totalidad. La señora que demandó al Estado por impedirle optar por la in vitro renunció hace poco a la demanda (Sala I) porque ya tiene 50 años y se considera muy vieja para ser madre(el caso lleva casi una década en tribunales nacionales y externos), pero antes de este último pronunciamiento hubo una sentencia que le negaba el derecho (Sala IV).

La negativa a aprobarle el método in vitro a la señora es solo un ejemplo que utilizo para criticar algunas leyes de mi país que parecen redactadas por religiosos, y que por su naturaleza de acatamiento obligatorio discriminan a aquellos que no comparten las creencias de quienes las escribieron.

Desgraciadamente mi país aún está sujeto a mucha influencia del catolicismo, dogma que tiene la costumbre de creer que lo que es buenos para él necesariamente tiene que ser bueno para los demás.

Saludos y gracias por tu comentario.

jaramos.g dijo...

Vale, muchas gracias por la aclaración. Eso que ocurre allí, sucede en otros países, tal vez más de los que parecen. Y no digamos en muchos de los de religión islámica.
Aprovecho, César, para otra pregunta: envié un comentario al anterior artículo sobre la credulidad y no lo he visto publicado. ¿Es que no ha llegado?
Un cordial saludo.

César dijo...

Con mucho gusto.

En este momento está publicado un comentario tuyo en ese post, no sé si me estás hablando de algún otro que enviaste.

jaramos.g dijo...

Sí, es otro.

César dijo...

Entonces no ha llegado.