martes, 25 de agosto de 2009

Como nacen los espíritus






Ricardo Moreno Cañas era un médico excepcional. Graduado de la Universidad de Ginebra en 1915, atendió a soldados heridos durante la Primera Guerra Mundial, gesta que le valió varios reconocimientos, entre ellos la Medalla Conmemorativa de la Guerra Europea, la Medalla del Reconocimiento Francés, la Medalla de la Abnegación de la Cruz Roja Francesa, y las Palmas de Oro de la Cruz Roja Francesa, además de ser nombrado Caballero de la Legión de Honor.


A su regreso a Costa Rica abre un consultorio donde atiende sin cobrar a personas pobres, pero lo que hizo trascender fue una habilidad poco común para resolver cirujías casi imposibles en la época, como la realizada a Gonzalo Madriz para extraerle una bala alojada en su corazón, intervención exitosa que salvó su vida y le permitió vivir muchos años más.


Para 1938 Ricardo Moreno Cañas se perfilaba como candidato presidencial pero es asesinado de dos tiros por Beltrán Cortés. Resucitó gracias a la devoción de un pueblo que lo amaba y se negaba a dejarlo ir, poco después aparecieron los primeros testimonios sobre curación de enfermos, su tumba se convirtió en sitio de peregrinación y no pasó mucho tiempo antes de que apareciera una plegaria a su nombre.


El 23 de agosto de 2009 se cumplen 71 años de la muerte de Moreno Cañas, en setiembre se estrenará la película sobre su vida, titulada Región Perdida. El coproductor, Eduardo Mosheim, dijo en un medio escrito que sintieron la presencia del doctor “En una ocasión nos sorprendió que una muñeca que debíamos peinar para una filmación, amaneció peinada, sin que nadie la tocara, estaba en utilería con todo, fue algo extraño, además de eso sí se sentía una energía positiva, especial alrededor de la película”. Al final de la producción visitaron su tumba para agradecer y dejarle flores al espíritu curador que ahora también es estilista...de muñecas.

Y así es como nacen los espíritus, los santos, los dioses, una historia que se repite en todas las épocas, reflejos de pueblos que se negaron a aceptar el fin de sus grandes hombres, pasó con Pitágoras, pasó con Ricardo Moreno Cañas.






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