jueves, 2 de julio de 2009

El Mito del desarrollo


Renunciar a los conceptos de progreso y desarrollo como un destino manifiesto de la humanidad es necesario para replantear las bases de la búsqueda permanente de bienestar de las diferentes sociedades y comunidades humanas.

----
¿Qué tienen en común las tesis económicas del marxismo y del capitalismo clásico? la propuesta de que, siguiendo unas pautas determinadas en la teoría, un modelo, son suficientes para alcanzar un grado de satisfacción completa de la humanidad en su totalidad. Ambas, el marxismo y el capitalismo clásico prometen a sus adherentes la posibilidad de alcanzar la felicidad, la visión de un futuro acogedor con posibilidades de satisfacción ilimitadas.
Son mitos, o si lo prefiere fantasías seculares, por lo menos así lo expusieron dos académicos versados en el tema de la sociología, Juan José Muñoz, y de la economía, Henry Mora, de la Universidad de Costa Rica (UCR) el primero y de la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA) el segundo, durante el conversatorio “Comunicación y Desarrollo” organizado por la Dirección de Posgrado en Comunicación de la Escuela de las Ciencias de la Comunicación Colectiva de la UCR, el martes 30 de junio.
Retomemos. Decir que los conceptos de desarrollo y progreso son no tanto engaños deliberados como si utopías modernas es cosa seria, no permite un análisis superficial y exige una explicación amplia de parte de quién lo afirma. Mora, un intelectual venido a “opinador” público con méritos entiende las nociones de desarrollo y progreso como una especie de fábula secular, “es como la religión” afirma, pero sin delirios trascendentales más allá de esta vida.
Muñoz por su parte, recordó que el concepto desarrollo se acuñó una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, su cuna fue Estados Unidos y de ahí la idea se institucionalizó en la jerga política internacional, pasando por gobiernos, entidades financieras y hasta organizaciones no gubernamentales, “se volvió el concepto aceptado por todos” dijo el analista.
Lo difícil, afirmaron ambos, es definir qué se entiende por desarrollo en un mundo amplio y complicado, “promover un modelo para diferentes realidades” fue un programa político común que se repitió en las décadas siguientes, por ejemplo con la Sustitución de Importaciones de los sesenta y setenta o el estructuralismo de los ochenta representado por los Programas de Ajuste Estructural (PAEs). “Se obvió que cada sociedad tiene sus particularidades y que no se puede aplicar una misma fórmula para todos” argumentó Mora, que al igual que Muñoz considera falaz la generalización de la humanidad como una sola, ignorando realidades culturales o idiosincráticas.
Pero ¿cómo afirmar que es falaz la noción de desarrollo, de progreso? ¿cómo se atreven a cuestionar una idea tan positiva, tan necesaria para impulsar a las sociedades humanas al auto mejoramiento? Es que no se trata de renunciar a eso sino a replantearnos que entendemos por mejorar, lo que significa desechar cualquier promesa de destino manifiesto con tufo a perpetuo paraíso económico terrenal y concentrar las energías en replantearnos sobre qué entendemos por una buena vida, sobre un “buen vivir” del individuo y su comunidad, sin destruir el entorno, cosa que parece inherente al modo de desarrollarnos de hoy. Puede parecer cortoplacista pero, ante un retorno a la realidad de nuestra temporalidad y nuestra inevitable imperfección, es ineludible.
Ya existen propuestas, no modelos, algunos extraídos de la cosmovisión indígena de respeto y veneración por la naturaleza o más occidentales como la del desarrollo sostenible, supuestamente conscientes de la limitación de recursos y proponentes de un estilo más apacible y menos utilitarista. Claro está, afiman Muñoz y Mora, son propuestas que no pueden tomarse como buenas para todos, pues cada comunidad, cada nación debe buscar que es más beneficioso para su realidad, o sea, buscar un camino o unos caminos propios.
Valga la pregunta ¿podríamos esperar en Costa Rica la concreción de una propuesta autóctona? Ahí se acaba el positivismo, ni gobernantes, ni empresarios parecen estar a la altura, no como si lo estuvieron antes durante y después de la Segunda República, cuando un grupo de hombres encabezados por Figueres Ferrer y Rodrigo Facio asumieron el “desarrollo” con pragmatismo y creatividad, sin apego a ultranza a modelos o ideologías. ¿Desde la academia? Podría ser, esperemos. Latinoamérica tampoco está mejor, recordemos a Honduras...
Sintetizando: las nociones de desarrollo y progreso como hoy las entendemos son mitos, es decir, conceptos falaces basados en un ideal de tierra prometida que los convierte en una especie de religión secular que narcotiza a sus adherentes y los inmuniza ante la realidad ¿cuál es la realidad? la inexistencia de un destino único y promisorio para la especie, un modelo único para alcanzarlo y el hecho de que el bien vivir es una tarea del día al día, sin puerto definitivo, que no depende de doctrinas sino de creatividad y pragmatismo y la conciencia de que nunca alcanzaremos el estado soñado de satisfacción perenne, pero si podemos conseguir al menos lo aceptable para la mayoría, una vida tolerable y hasta satisfactoria en un mundo que no fue ni nunca será el mejor de los mundos posibles.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

" el bien vivir es una tarea del d ... Leer másía al día, sin puerto definitivo, que no depende de doctrinas sino de creatividad y pragmatismo y la conciencia de que nunca alcanzaremos el estado soñado de satisfacción perenne, pero si podemos conseguir al menos lo aceptable para la mayoría, una vida tolerable y hasta satisfactoria en un mundo que no fue ni nunca será el mejor de los mundos posibles". En esto de tu texto estoy de acuerdo...en lo que no estoy de acuerdo es que lo mitos se enfrentan con otros mitos...frase escucha en esa actividad.

Raúl Silesky

Anónimo dijo...

El desarrollo de modelos o teorías permite la identificación de guías para entender, comprender y transformar positivamente la realidad... jamás para dar fórmulas mágicas de vida.

Danilo M.

César. dijo...

La historia recuerda a cada rato que la idea de las mayorías, incluidos los ideólogos, es diametralmente opuesta a tu correcta interpretación.

Saludos.