miércoles, 8 de julio de 2009

Los mormones y el regreso de Arrio



La división permanente de una fe heterogénea.



El mormonismo no es descendiente directo del arrianismo, pero si existe un lazo que los une indefectiblemente a pesar de los siglos de diferencia: su conceptualización de la figura del Cristo.


En el año 256 de nuestra era nace Arrio, hombre que se convertiría en obispo y posterior líder del arrianismo, versión del cristianismo que rivalizó con el dogma niceno, también conocido como trinitarismo ¿cuál era la diferencia? que los primeros creían que Jesús no era una dios, aunque si divino (¿?), mientras que los segundos sí lo consideraban dios, hijo de un dios y fecundado por otro dios en una Virgen, una especie de politeísmo no declarado.


Esta última interpretación es la que predomina en las aproximadamente 2000 iglesias que se definen como cristianas en el mundo moderno. Todas, incluida la católica romana (que históricamente puede definirse como el primer vástago y heredera directa de la facción ganadora), existen gracias a que los trinitaristas de los primeros siglos, más hábiles para la política y amigos del emperador Constantino, derrotaron a Arrio en el Concilio de Nicea (325) y declararon herética su versión teológica.


Sin embargo la historia humana goza con repetir lo vivido. En 1830 Joseph Smith fundó la Iglesia de Cristo, su adaptación particular de cristianismo, aderezada con un nuevo libro, el de Mormón y toda una nueva mitología que incluye historias de un reino israelita americano del que nunca se encontraron evidencias arqueológicas. Cómo no podía ser de otra manera Joseph se proclamó el último y definitivo profeta y su prédica caló en parte de la crédula sociedad estadounidense del siglo XIX, pese a que Smith gozaba de fama en los círculos de la justicia que lo siguieron de por vida hasta su linchamiento público en 1844.
Dejando de lado la afición por la poligamia y su libro de Mormón, Smith proclamó que Jesús no era dios, como una vez lo hizo Arrio, declaración que por supuesto no caló nada bien entre los cristianos de entonces, hijos del trinitarismo, quienes todavía se niegan a reconocer a los mormones como cristianos.


Desde la perspectiva de este blog es justo y necesario afirmar que los mormones si son cristianos, tal y como lo fueron las 32 sectas que registró Hipólito de Roma en el siglo III y las 128 que el obispo Filastro de Brescia contó allá por el siglo IV. Celso, un filósofo romano del siglo II, ironizaba:



"Y como consecuencia de haber llegado a ser multitud, se distanciaban los unos de los otros y se condenaban mutuamente; hasta el punto que no vemos que tengan otra cosa en común sino el nombre (...), ya que por los demás cada partido cree en lo suyo y no tiene en nada las creencias de los otros. "

Y es que la historia la escriben los que ganan, y fueron los ganadores los que inventaron que el cristianismo fue uno desde sus inicios, un tronco principal incólume que inicia con Jesús y sus Apóstoles hasta el papa romano, o bien sus otros representantes protestantes igualmente trinitaristas. La verdad es que, producto de su gestación sincrética en el caldo mediterráneo del siglo I es imposible afirmar que tal o cual interpretación de cristianismo es la original y verdadera porque probablemente ninguna lo sea, por la simple razón de que ese dogma es una amalgama de incontables tradiciones que incluyen la judía, la griega, la romana, la egipcia, la persa y la india. Afirmar que el dogma cristiano moderno es innato es pecar de ingenuo, como también lo es dar algún mérito a los mormones por ser cristianos, pues al igual que los trinitarios solo son una vertiente más de una idea espuria.

1 comentario:

César dijo...

Plus a la nota, sacado de un ensayo de Jorge Luis Borges. El escritor habla de lo complejo de la cosmovisión de los gnósticos del siglo II pero lo popular que se habrían convertido de superar la prueba del tiempo y de sus enemigos cristianos:

"De haber triunfado Alejandría y no Roma las estrambóticas ideas que he resumido aquí serían coherentes, majestuosas y cotidianas".

Otra sería la canción si Arrio y no los nicenos hubiera ganado la lucha por ser la religión del estado romano.