martes, 12 de mayo de 2009

De Ángeles y Demonios, de iluminados y asesinos



Acostumbrado a acomodar caprichosamente los hechos históricos a la par de leyendas para crear un buen relato de ficción, Dan Brown tiene el mérito de rescatar para las masas detalles importantes de la historia humana.
El cine difunde su obra Ángeles y Demonios.






Los libros de Dan Brown son algo así como "literatura de aeropuerto" es decir, son libros para entretenerse mientras esperas el avión -o cualquier otra cosa- y su lectura resulta interesante para pasar el rato, aunque es irresponsable creerle todo, sobre todo cuando el escritor asume sin pudor que el Jesús bíblico tuvo descendencia (algo nunca probado como la existencia misma del personaje histórico) o que ya existe una bomba antimateria capaz de caber en un maletín ordinario.


En su obra Ángeles y Demonios Brown vuelve a hacer gala de su despreocupación por la veracidad histórica al juntar a dos organizaciones asimétricas: Los Illuminati y los Hassassin, los primeros intelectuales ilustrados y los segundos fanáticos religiosos medievales. Sin embargo el mérito que quiere destacar este artículo es la de presentar dos visiones opuestas del mundo, representadas en ambas organizaciones.


Los iluminados Fundada en el año 1776 (siglo XVIII) en Baviera por el académico alemán Adam Weihaupt, la orden de los Illuminati nació para combatir el dominio ideológico de la iglesia católica romana. Entonces el clero aún gozaba de mucho poder político, lo que derivó en la prohibición de la orden en 1784 y 1785, en la dimisión de Weihaupt de su puesto en la Universidad de Ingolstadt y en su exilio a otra ciudad.


Oficialmente los Illuminati dejaron de existir en las fechas citadas, sin embargo los teóricos de la conspiración los han revivido a lo largo de los siglos, mucho antes que Dan Brown los hiciera protagonistas de su novela, tal es el caso la obra titulada Pruebas de una conspiración contra todas las religiones y los gobiernos de Europa, escrita por el filósofo estadounidense John Robison en 1798, en la que responsabiliza a los Illuminati por la Revolución Francesa y los acusa de querer establecer un nuevo orden mundial. Más tarde el Abad Barruel retomará esta tesis con pequeñas variantes pero siempre apuntando el dedo acusador contra los iluminados.


Las ideas conspiratorias no acabaron allí y más bien los siglos han alimentado el imaginario popular. Cómo bien explica el escritor y periodista Phillipe Darwin, en pleno siglo XX varios libros han insistido en que los masones, infiltrados por los Iluminati, son los creadores de la nación estadounidense y que son ellos los que dominan la economía y la política mundial, acumulando en un grupo reducido y secreto un enorme poder para dirigir los acontecimientos de la civilización humana. Volviendo atrás algunos años tenemos la tesis de que fueron los promotores del comunismo.


En Ángeles y Demonios, Dan Brown afirma que el astrónomo Galileo Galilei (1564-1642) y el escultor y arquitecto barroco Gian Lorenzo Bernini (1598-1680) fueron iluminados, obviando el hecho de que murieron muchas décadas antes del nacimiento de la orden y, en el caso de Bernini, que era un católico devoto, fue artista oficial del Vaticano durante años, recibió protección de siete papas y fue amigo íntimo de uno de ellos, Urbano VIII.


Los Hassassin


Precursores del terrorismo islámico moderno los hassassin fueron famosos por sus temerarios atentados suicidas en la Edad Media, donde sembraron el terror entre cristianos y musulmanes de otras denominaciones.


Descendientes del ismaelismo, rama chií del Islam, los hassassin fueron una secta que tomó el camino de la violencia en el siglo X de la mano de su líder, Hassan, al conquistar una fortaleza persa en el año 1090 y fundar un pequeño reino entre Siria, Líbano y la misma Persia para combatir por igual a cruzados y musulmanes.


El fanatismo religioso de los hassassin es legendario, se sabe que se suicidaban con solo una orden de su líder y que se drogaban con hachís para cometer temerarios asesinatos de adversarios políticos a plena luz del día y rodeados de gente con el fin de sembrar el terror. La motivación de estos hombres era la promesa del Paraíso, ilusión alimentada por la droga que consumían y la visita previa a un hermoso jardín lleno de bellas mujeres. Para cometer sus asesinatos utilizaban una daga o sica.


El poder de los hassassin desapareció en el siglo XIII con la invasión de los mongoles a Persia y su secta sufrió un peculiar retorno al pacifismo, lo que hizo posible que sus descendientes, los ismaelitas, sigan existiendo hoy, unos 15 millones, repartidos entre Pakistán, Siria y Yemen. Su líder actual, Aga Khan IV, es un magnate de los negocios afincado en Ginebra, aficionado a los lujos y a la filantropía.


Una vez más Dan Brown hace gala de su imaginación y ligereza histórica en Ángeles y Demonios, al colocar a los Hassassin en pleno siglo XX (siete siglos después de su abolición) y peor aún, bajo el mando de los Illuminati, organización de la que están separados en el tiempo al menos por 500 años.


Aunque el escritor se toma todas las libertades artísticas para crear su historia, es necesario destacar un beneficio indirecto de sus libros: el interés en la historia que ha desatado en muchas personas en todo el mundo, (tampoco tantas, no soy tan optimista) quienes ahora pueden tener un acercamiento a hechos reales y sus consecuencias, por ejemplo el daño que puede causar el fanatismo religioso, representado por los actos homicidas de los hassassin, alimentados por el delirio de fe, o por el poder represor del catolicismo romano, que aplastó sin miramientos a los Illuminati aunque para entonces ya no poseía el poder para quemarlos vivos, como si hizo alguna vez con Giordano Bruno, Jan Hus u otros tantos miles de desafortunados.


Los Illuminati desaparecieron en el tiempo pero su lucha por divulgar el conocimiento sigue en pie, el cristianismo, ya sin poder para silenciar las críticas se debate para sostener sus posturas frente a evidencias que lo dejan en ridículo, mientras que el islam crece en confianza adolescente y número para desgracia de la razón, que parece no terminar de consolidarse ante las ilusiones que ofrece la religión, siempre propensa a la intolerancia, la inflexibilidad y no pocas veces la violencia. La batalla sigue abierta y es el futuro de la humanidad lo que está en juego.
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Libro recomendado: "Las Claves de Ángeles y Demonios" de Phillipe Darwin.
Análisis de la película por el crítico William Venegas: http://www.nacion.com/viva/2009/mayo/18/viva1966992.html

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