miércoles, 11 de marzo de 2009

UNA FE ENTRE MONTAÑAS






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Un pequeño, y sencillo altar entre pirámides es el centro de la ceremonia. Hincados, con la cabeza gacha, salvo el que preside el ritual, los mayas realizan sus oraciones ante la mirada curiosa y respetuosa de una docena de turistas. Llamas consumen las ofrendas en tanto que el oficiante lanza súplicas al cielo en algún dialecto local. Mientras esto ocurre no puedo contener mis pensamientos mas allá de la selva de Petén.


En mi cabeza deambulan reflexiones insufladas por el espíritu local, imbuido por el ambiente me dejo llevar por las incontables muestras de devoción que cohabitan en este hermoso país centroamericano: católicos, protestantes y religiones autóctonas conviven en una extraña amalgama, juntos y en parte revueltos, 65 de cada 100 se dicen católicos, 35 se llaman evangélicos, pero es fácil descubrir que aquí las tradiciones nacidas en oriente se empapan de localismo mesoamericano.




. Regreso a la plaza, en medio del templo del Jaguar y el de las Máscaras donde la ceremonia continúa, son pequeños –pienso- de tez morena y rasgos mongoloides que descubren su origen asiático; son pobres, me lo dice su vestimenta y las cifras oficiales, en esta patria la mitad lo es y de ella la mayoría tiene cara indígena o ladina (indígenas asimilados), atraviesa por mi cabeza un pensamiento travieso que hace una analogía entre necesidad y fervor ¿porqué los más creyentes suelen ser los más desfavorecidos?, en este pedazo de tierra, uno de muchos donde la fe reina entre estrecheces, se levanta orgullosa la cúpula de un moderno y costosísimo recinto religioso en medio de la ciudad capital, rivalizando con el viejo dueño de las conciencias desde épocas coloniales, materializado en sotanas y catedrales por doquier, como aquella iglesia en Antigua donde yacen los huesos de hermano Pedro, testigo de que el culto a los muertos vive, y del añejo convento de las Capuchinas en el que decenas de monjas de claustro ingresaron para nunca más salir.
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El fuego murió. Los orantes recogen sus pertenencias mientras un gringo con aspecto de hippie dialoga con el maya mayor, en unos minutos se irán a su pueblo y probablemente asistirán a misa o al culto, poco importa si es Hunab Ku, Iahvé o Jehová, acaso la misma cosa, aquí, donde la fe se mueve con facilidad entre montañas, y otras muchas dificultades.
. Fotos y video propiedad del autor, menos la imagen del templo evangélico.

5 comentarios:

César González dijo...

No hay ni un solo gran pueblo de la humanidad que haya podido subsistir sin fe. Buen post, compañero. Y si, Guate es único. Lástima que le den café a los bebés porque la leche es muy cara.

César. dijo...

Hasta ahora no, quien sabe en el futuro, yo espero que sí, por el momento me conformo con ironizar con las contradicciones de la misma.

Guerrero dijo...

La fes es algo inemsanmente increíble, no lo digo porque sea bueno o malo sino porque me sorprende ver lo que puede hacer la gente por sus creencias y la esperanza.


saludos

César. dijo...

Pues si Guerrero tiene un poder increíble, desgraciadamente ha servido más para hacer el mal que el bien, justificando intolerancia, odio, guerras y genocidios.

El poder de la fe se lo da la gente, en el momento en que razonen morirá.

Saludos

César dijo...

Volver a leer algo que escribiste hace tiempo te da un sensación extraña. Mantengo lo dicho pero debo agregar que la fe, cuando se une a la indignación y se decide a actuar, puede ser una cosa realmente transformadora de la realidad aquí, en la tierra.