martes, 27 de enero de 2009

POLVO DE ESTRELLAS



“En el principio reinaba la oscuridad, la nada, el vacío, toda la energía se condensaba en una inimaginablemente minúscula partícula sub-atómica que en un instante lejano en el tiempo no pudo contenerse más y entonces…”


. Estalló. Y aquí estamos, al menos unos 13 mil 700 millones de años después que explotara esa partícula, el génesis verdadero del Universo y diera a aquel vacío la materia necesaria para formar lo que hoy conocernos como Cosmos.


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La
teoría del Gran Estadillo es hoy la principal tesis para explicar el origen del Universo, no es un dogma, es una respuesta parcial sujeta a “falsabilidad” pero que, lejos de debilitarse se ha fortalecido gracias a cálculos matemáticos y la cada vez más sofisticada tecnología.
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Renombrados científicos como Georges Lemaître, extraña e inusual aunque no única mezcla entre sotana y ciencia (era astrofísico más que cura), y George Gamow, sostuvieron que el Universo estaba en una constante expansión, idea que se fortaleció gracias a la ley propuesta por Edwin Hubble (un telescopio espacial lleva su nombre) y Milton Humason que comprobó que las galaxias se estaban alejando unas de otras.
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La teoría ha soportado incluso la indiferencia (aunque sospechaba) del mayor genio del siglo XX,
Albert Einstein, que creía en un Universo estático y al rechazo del controvertido matemático y físico Fred Hoyle, que en su afán de ridiculizar la hipótesis de la explosión la bautizó como Big-Bang, sin percatarse que sonaba tan bien (además supuso la idea del diseño “inteligente” si valorar que sonaría tan mal).


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Pero fue gracias a un accidente (azar bendito azar) que la teoría del Gran Estallido encontró otra gran evidencia que la sustentaba: el descubrimiento de la radiación remanente de dicha explosión, gracias a que los físicos
Robert Wilson y Allan Penzias la encontraron sin buscarla en 1964, mientras probaban una nueva antena para los laboratorios Bell. El accidente les valió a ambos el Premio Nobel de Física en 1968, vaya suerte.


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Y aquí seguimos. En 2002 datos del telescopio espacial Hubble confirmaron que las estrellas más viejas, las enanas blancas, nacieron hace unos 13 mil millones años, por lo que el inicio del Universo puede datarse entre esa fecha a los 14 mil millones de años. La Vía Láctea, nuestra galaxia, apareció hace unos 13 600 millones de años, la Tierra tiene al menos 4 500 millones de años, la vida comenzó a gestarse por ahí de los 3600 millones, los dinosaurios aparecieron a los 250 millones y se fueron a los 65 millones, nuestros antepasados homínidos bípedos empezaron a caminar hace unos 6 o 7 millones y nosotros, los Homo Sapiens (pongo en duda lo segundo), aparecimos apenas hace 200 mil años ¿no se siente insignificante? Yo sí.


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A propósito ¿dónde quedamos nosotros en ese escenario? Hace mucho tiempo sabemos que no somos el centro del Universo, ni siquiera somos actores secundarios, aunque al catolicismo le tomara más de 400 años reconocerlo. A algunos nos satisface la idea de que somos uno con el Universo, no superior a él, simplemente parte de él, somos “polvo de estrellas” como dijo poéticamente el astrónomo
Carl Sagan. Lo demás es fantasía.


.Recomendación: Documental "Más allá del Big Bang" en History Channel


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Año Internacional de la Astronomía

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Explicación de la teoría del Big-Bang




2 comentarios:

Jeudy Blanco dijo...

Buenisimo el artículo César!

Dux dijo...

Me gustaría agregar que del Universo constituido por átomos, somos los únicos conscientes de ello (hasta el momento). No es para echar las campanas al vuelo ni mucho menos para actitudes arrogantes. Por el contrario, tenemos conocimiento de nuestra insignificancia, ya que conscientes o no, el Universo seguirá en ese proceso aleatorio iniciado desde el Big-Bang, y nosotros como parte de él.