lunes, 5 de enero de 2009

La receta del odio, la irracionalidad y la locura


Theodor Herzl imaginó que era posible, soñó con una tierra para su gente, con el regreso anhelado a la heredad de los ancestros, con el fin de la dispersión de su pueblo por todo el mundo a lo largo de tantos siglos.


Herzl, fundador del sionismo, soñó y bregó por un objetivo que se concretó 44 años después de su muerte, cuando la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) decretó la creación del Estado de Israel en una fracción de las míticas tierras de Canaán...el problema es que aquel lugar no estaba solo y miles de personas -palestinos- lo llamaban su hogar desde que, según su fe, Mahoma ascendió a los cielos en Jerusalén, la ciudad-templo de los hebreos donde gobernaron David y Salomón y donde, según su fe también, "vendrá" el mesías, por primera vez para judíos, segunda según los cristianos.

Menudo problema, los británicos se lavaron las manos, la ex colonia palestina ya no era su problema y las cosas fueron mal desde el principio, un pueblo humillado por el genocidio contra otro humillado por la exclusión y el vasallaje, obligados a convivir juntos, el resultado no podía ser bueno: vinieron las guerras, Israel demostró ser diestro y las naciones árabes mejor miraron para otro lado, los palestinos se indignaron, alimento para la yihad, las bombas suicidas, cohetes, judíos inocentes muertos, cruda respuesta militar hebrea, palestinos inocentes muertos, nueva versión del gueto ¿quién empezó? eso no importa, la pregunta es ¿cómo terminar con esta loca guerra?

Quizá lo mejor sería que ambos pueblos hagan un honesto examen de conciencia, que un libro diga que un mítico e improbable padre semita recibió aquella tierra como herencia podría ser nada más una bonita historia sin ningún fundamento verdadero y, si es así, ¿dónde queda la tesis de la tierra prometida? en nada; que el profeta del islam muriera allí no es argumento suficiente para exigir exclusividad sobre la tierra, vivimos en un mundo diferente al del siglo VII y las palabras de otro libro no bastan para convencer a todos.
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Ya sé, es iluso, hay que sumar a la fórmula los afanes pocos sanos de terceros protagonistas, que alimentan con armas, inoperancia, alcahuetería, intereses e ilusiones propias al conflicto, recuérdese a los numerosos cristianos que creen en serio que el carpintero de Nazaret regresará a la ciudad donde murió crucificado, si es que tal cosa ocurrió. Condimente con sed vampírica de petróleo, afanes expansionistas y quien sabe que cosas más y ya tiene la receta perfecta para un desastre que bien puede ser mundial.


¿Tiene que ser así? ¡maldita mi humanidad no sé la respuesta! simplemente me parece loco, enfermizamente loco matarse así, pienso que han mejores maneras de resolver los conflictos, que las creencias no justifican el asesinato, que la codicia es mala consejera y que existen hombres y mujeres cuerdos en todas partes que así lo entienden ¿dónde están? basta con esta estupidez, por favor.



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