miércoles, 7 de enero de 2009

EL FIN DE UN MITO




-Nunca existió un gran reino de Israel en el mundo antiguo. Los relatos de la tierra prometida son una ficción que justificó objetivos políticos, militares y religiosos.
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-Los palestinos modernos serían los hebreos originales, mientras que los judíos actuales serían descendientes de paganos conversos.


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Que la historia del pueblo elegido por un dios mítico ya no es un argumento válido para las personas de mentalidad laica eso ya se sabe, pero de que sigue siendo una realidad y un prueba irrebatible para muchos creyentes es innegable.

Canaán, esa conflictiva zona en la que se asienta en parte el Israel moderno, (Líbano y Siria también), es reclamada por un sector nada despreciable de hebreos como la tierra prometida por Yavhé en sus escrituras sagradas, tesis que, con pequeñas variantes, recibe el apoyo de los cristianos.

Según la Torá (Antiguo Testamento), la deidad semita guió a Moisés y a su pueblo de regreso a la tierra que había dado por heredad a su padre fundador, Abraham, por lo que los judíos estuvieron en su pleno derecho de barrer -entiéndase exterminar- con las naciones que se habían establecido allí mucho tiempo atrás. Así dicta el relato bíblico pero como veremos más adelante la evidencia dice cosas muy diferentes a la tradición.

Dos pueblos, nunca un reino




El concepto tradicional dicta que existió un reino unificado de Israel que tuvo su mayor esplendor entre los siglos X y IX antes de nuestra era (tres mi años atrás), la biblia lo describe como un periodo majestuoso en el que abundaba el heroísmo y el poder (David), así como la riqueza, el lujo y la sabiduría (Salomón). Esta nación se partió en dos luego de la idolatría de la parte norte, Israel, mientras que el sur, Judá, siguió fiel a Yavhé y sobrevivió momentáneamente a la caída de su par.

Los hallazgos modernos, sin embargo, dicen otra cosa, por lo menos en la poderosa tesis de Israel Finkelstein (en la foto) y Neil a. Silberman, el primero Director del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv y el segundo también arqueólogo israelí. Ambos publicaron el libro "La Biblia Desenterrada: una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados" (2003).

Los expertos reiteran lo que ya se sabía hace tiempo, que la epopeya del éxodo es ficción, que no hay registros egipcios de la esclavitud de un pueblo hebreo, que no hay evidencias de cientos de miles de personas que caminaron por cuatro décadas por el desierto del Sinaí y que Moisés es un figura legendaria sin asidero histórico alguno. Pero van más lejos al cuestionar el origen mismo de los textos, al ubicar su redacción definitiva en una época mucho más reciente a la oficial.
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Finkelstein aseguró en una entrevista con La Nación de Argentina que "La arqueología moderna nos permite asegurar que el núcleo histórico del Pentateuco y de la historia deuteronómica fue compuesto durante el siglo VII antes de Cristo. El Pentateuco fue una creación de la monarquía tardía del reino de Judá, destinada a propagar la ideología y las necesidades de ese reino."
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Para estos dos arqueólogos la noción de un gran reino de Israel es una invento con fines políticos del rey Josías, quien quería iniciar una campaña de conquista para extender los territorios de Judá, el único reino hebreo que de verdad existió y que no era ni la mitad del legendario país del que pretenden ser herederos legítimos los israelíes modernos. Para los sacerdotes que lo apoyaban era la oportunidad de oro para imponer de manera definitiva el culto a Yavhé y el templo de Jerusalén sobre otros dioses locales y otros centros de adoración.
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Según las evidencias encontradas existieron dos monarquías, una politeísta, grande y rica en el norte, Israel, y otra monoteísta, pequeña y pobre en el sur, Judá y en esta última gobernaron David y sus sucesores. Por razones obvias el rey Josías y su clan de sacerdotes quisieron hacer creer al pueblo judaita que en el pasado existió un solo país, más grande, más próspero y adorador de un único dios y que el desmoronamiento del reino de Israel se debió a la idolatría que lo llevó a separarse primero de Judá y luego a caer bajo el poder del Imperio Asirio.
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Los afanes conquistadores de Josías acabaron cuando el faraón Necao II lo ejecutó, pero el clero continúo, aún en el exilio de Babilonia, con la tarea de construir una fantasía que se institucionalizó y expandió gracias al cristianismo y al islam.
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Una religión, nunca una nacionalidad


El historiador israelí, Shlomo Sand (foto), planea otro argumento atrevido en su libro "Cuándo y cómo se inventó el pueblo judío" (2008), donde afirma que los actuales judíos provienen de pueblos paganos que se convirtieron al judaísmo lejos de Palestina, y por lo tanto no descienden de los antiguos hebreos, y que los palestinos árabes son los únicos descendientes de los judíos originales.
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Sand afirma que el sionismo creó la versión falsa de que los judíos modernos son descendientes de los hebreos originales, con el fin de impulsar la creación de la Israel moderna. Los palestinos actuales son, según su tesis, los judíos que se quedaron en Judea después de la destrucción del templo. Estos judíos antiguos y originales se convirtieron al islam durante la invasión musulmana del siglo VII.
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"Si no hubo exilio en Palestina, si los romanos no expulsaron a los judíos, ¿qué les ocurrió a los judíos de Palestina? Hay muchos historiadores israelíes, incluidos Yitzhak ben Zvi, el segundo presidente de Israel, o David ben Gurion, que hasta 1929 afirman que los palestinos árabes son los verdaderos descendientes de los judíos. Esta tesis que sostuvieron los mayores sionistas se murió en 1929. Todavía en 1918 Ben Zvi y Ben Gurion escribieron juntos un libro donde se afirma que los palestinos son los auténticos descendientes de los judíos. Sin embargo, decir esto hoy es causa de escándalo.", concluyó el historiador. .
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Conclusión
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Tanto Sand como Finkelstein y Silberman son judíos pero su profesionalismo y honestidad los ha llevado a semejantes conclusiones. Los tres expertos han aclarado que el Israel moderno no está en peligro por semejanes descubrimientos y que sus compatriotas no deberían preocuparse pues las bases de la nación moderna descansan sobre postulados más reales que las fantásticos relatos de un libro primitivo o leyendas antiguas.
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Israel es una nación pujante, democrática, origen en el pasado y el presente de grandes mentes (Albert Einstein), es un país desarrollado que logró darle un elevado nivel de vida a sus ciudadanos y cuyos aportes tecnológicos y científicos siguen enriqueciendo el legado de la humanidad.
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Ninguna persona sensata en el mundo pensaría que el estado hebreo debería ser abolido para regresárselo a los palestinos, pero sobran voces que condenan la excesiva e indiscriminada violencia de esa nación y las políticas de exclusión que han convertido a las regiones habitadas por árabes en guetos. Algunos se atreven a decir que los judíos han terminado por parecerse un poco a sus propios victimarios nazis.
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Lo cierto del caso es que los palestinos merecen un estado, o mínimo ser tratados como ciudadanos y no como blancos de misiles y balas sin importar si son niños o mujeres, Israel pasó hace mucho tiempo la línea que separa a la defensa legítima de la agresión injustificada y desproporcionada.
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Por supuesto en este conflicto los árabes en general no están exentos de culpa, existe un segmento importante de musulmanes que odia a los judíos no solo por maltratar a los palestinos y por haberlos abofeteado en el campo de batalla sino por un ciego antisemitismo derivado de su religión y del Corán ("Los judíos dicen: La mano de Dios está encadenada. Que sus manos sean encadenadas a su cuello; que sean malditos como premio de sus blasfemias. "Sura II-69).
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Claro que no hay soluciones fáciles, pero es más difícil encontrar respuestas cuando las convicciones se basan en mitos, historia tergiversada y en prejuicios.


3 comentarios:

Azopfeiffer dijo...

Los judios no me caen bien, no es antisemitismo simplemente tiene una forma de criar a sus hijos para que crezcan siendo, egolatras, separatistas, mismistas, otristas, condenativos, victimizados, mesianicos, despreciativos, tergiversadores, falsarios y generalmente calvos y narizones

César González dijo...

Muy buen post, compañero. Lo que me cuadra de pasar por acá es que siempre se aprende algo. El amigo de arriba, evidentemente desea con fervor ser judío... hasta se hace llamar azopfeiffer... Saludos!

César dijo...

azopfeiffer... mirá si, no lo había pensado antes Toca, tenés razón.

Gracias por tus palabras, siempre me alegra saber que aporto algo.