domingo, 2 de noviembre de 2008

Fanatismo religioso banqueado más no desbancado


César Barrantes B.


Cuando el estadounidense promedio vaya a votar guardará esperanzas de que el nuevo presidente le salve la hipoteca de su casa, o bien que haga algo para que su hijo cuente con un mejor seguro médico o tan siquiera lo tenga, para no ser parte de esos 40 millones de personas que no lo poseen. En suma preocupaciones muy reales y terrenales.

Dicen los analistas, como Moisés Naín, de El País de España, que en las actuales elecciones más que en ninguna otra los candidatos dejaron en segundo plano las invocaciones religiosas para ganar adeptos, a juicio de Naín, “Ni Barack Obama ni John McCain se refirieron tanto a Dios en sus discursos y mensajes publicitarios como lo hicieron sus predecesores en elecciones anteriores o sus rivales en las elecciones primarias de sus partidos. Los líderes más poderosos de la maquinaria político-religiosa de la derecha estadounidense fueron menos influyentes en estas elecciones de lo que han sido por décadas.

No se equivoca del todo Naín, pero es ligero suponer que la religiosidad galopante de muchos electores norteamericanos es cosa del pasado, o que no volverá una vez merme la crisis. Basta recordar que Estados Unidos sigue siendo la nación más religiosa de Occidente y que su extrema derecha republicana, furiosamente cristiana, ha influido en la política de aquel país durante ocho largos años, al punto de ser común ver a grupos de oración y de estudios bíblicos en la Casa Blanca de Bush; y siguen allí, los telepredicadores millonarios, las grandes iglesias con su creciente cuota de adeptos, ciudadanos estadounidenses promedio, esos que creen que Jesús volverá en los próximos 50 años, que la Biblia es una verdad literal de cabo a rabo, que la evolución no debe enseñarse en las clases de ciencia y que consideran (70% de electores) que el candidato a presidente de su país debe ser firmemente religioso.

Puede suponerse que si gana el republicano MacCain (bautista) pocas cosas cambiarán en Washington, su base sigue siendo esa copiosa ala de fe que mueve millones de dólares y de votos y que a cambio del espaldarazo pedirán oposición férrea a la investigación genética, a la unión civil de homosexuales, al aborto y a tantas nimiedades que parecen desvelar al dios que adoran. También esperarán que sus tropas sigan en Medio Oriente, cual nuevos cruzados, protegiendo a Sión (Israel) de los infieles y preparando el terreno para la venida de Cristo en aquellas tierras. De ganar MacCain la nación que se fundó con ideas seculares borrará más la ya difusa línea entre fe y religión que sus padres fundadores tanto se esforzaron por dibujar.

Espíritu laico

Es justamente por eso que es necesario recordar que Estados Unidos nació como una nación laica, su Carta de Derechos fundamentales reza claramente: “El Congreso no aprobará ley alguna por la que adopte una religión oficial del estado o prohíba el libre ejercicio de la misma”. Importante acordarse además del secularismo de esos padres fundadores, George Washington, John Adams, Thomas Jefferson (1) y James Madison; hombres cultos, deístas muchos de ellos, concientes de que la religión debe estar alejada de la política.

De ganar Obama es probable que el fundamentalismo religioso se repliegue un poco, más no demasiado, el candidato demócrata es cristiano congregacionista (2) y es común que sus discursos mantengan un tono de prédica, citando el “dios bendiga a América” o recordando a Martin Luther King como “el Rey que nos llevó a la tierra prometida”. El senador es un hombre religioso y así lo atestigua él mismo, aunque el hecho de separarse de su pastor por aquellas declaraciones racistas (3), que su padre fue ateo (4) y que sus raíces familiares estén en todas partes del mundo dan margen para pensar que talvez Obama regrese a la nación del norte al espíritu laico de sus fundadores y la aleje de la demencia de los que creen cumplir la voluntad de la providencia preparando el fin del mundo.

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(1) Thomás Jefferson, tercer presidente de Estados Unidos y redactor de la Declaración de Independencia era deísta, o sea, creía en un dios creador más no interventor y pensaba que la mejor forma de llevarse en la vida era con el conocimiento y la razón, una declaración suya ha llevado a muchos historiados y eruditos a pensar que era más bien agnóstico o incluso ateo: “Hablar de existencias inmateriales es hablar de la nada. Decir que el alma humana, los ángeles, dios, son inmateriales, es decir que ellos son nada, o que dios no existe, ni los ángeles, ni el alma. Yo no puedo razonar de otra manera...sin sumergirme en las profundidades del abismo de los sueños y de los fantasmas.
Yo estoy satisfecho, y suficientemente ocupado con las cosas que existen, para atormentarme o preocuparme por aquellos que puede que de hecho existan, pero sobre los cuales yo no tengo evidencia.”

(2) La Iglesia Congregacional es un movimiento cristiano de origen calvinista que migró de Inglaterra para asentarse en Estados Unidos.

(3) Un video publicado por ABC mostró a Jeremaih Wrigth, pastor de Obama por 20 años, haciendo un sermón de corte racista. El candidato demócrata condenó las palabras de su guía espiritual y acto seguido lo apartó de su campaña.

(4) Su padre fue criado como musulmán pero le confirmó que ya era ateo al conocer a su futura esposa, madre de Obama, (del libro “La Audacia de la Esperanza”).

1 comentario:

Pioresnada dijo...

Muy buen post. Interesante conocer las posiciones de ambos candidatos en cuanto a cuestiones religiosas.