lunes, 10 de noviembre de 2008

El fracaso de una religión política






El comunismo soviético copió los peores vicios de las teocracias.


Fulminado por las balas el último monarca de la Rusia Imperial se desplomó sobre sus rodillas y el rostro en una pose lamentable, con él se derrumbó también el último vestigio de un cruel imperio centenario que daba paso a uno nuevo que prometía a la maltratada servidumbre un paraíso en la tierra.

Poco antes de la ejecución del
Zar Nicolás II y su familia, los bolcheviques se habían hecho con el poder, un 17 de noviembre de 1917. Al frente de los revolucionarios estaba Vladimir Lenin, un intelectual de liderazgo nato y terquedad inquebrantable que sentó las bases de la Unión Soviética.

La ideología del nuevo estado era el comunismo, inspirado en las ideas de los alemanes
Karl Marx (1818-1883) y Federico Engels (1820-1895), que postularon el protagonismo del proletariado en la toma del poder y la construcción de una sociedad igualitaria. También postularon el fin de la religión, catalogada por Marx como “el opio de los pueblos” y que derivó en la prohibición de la iglesia cristiana ortodoxa rusa, cómplice y parte activa por siglos de la opresión zarista sobre el pueblo.
Religión política

Un Estado que ante los ojos del mundo se presentaba como ateo vivió una peculiar transformación a lo interno: la eliminación de la religión oficial dejó un hueco difícil de llenar en las débiles mentes de las clases populares que el partido llenó con el culto al líder, a la revolución y al partido. Había nacido una religión política que tuvo su Mesías en Lenin y a su profeta en su sucesor,
Josef Stalin. El catedrático de Historia del Pensamiento Político de la Universidad Complutense de Madrid, Antonio Elorza lo describe de la siguiente manera:
“La nueva religión tiene su fundador en la figura de Marx, su divinidad legítimamente en Lenin, su evangelio en el marxismo-leninismo y su sumo sacerdote y gran redentor en Stalin."




El idealismo se trocó en dogmatismo. Seguros de sus metas cual destino manifiesto los líderes soviéticos eliminaron casi desde el principio las voces de oposición, Lenin ignoró los acuerdos de la Asamblea apenas ganada la revolución y relegó a los mencheviques y otros socialistas, además de promover la persecución de opositores políticos; más tarde Stalin se encargaría de perfeccionar la máquina al barrer con los adversarios a punto de balas y deportaciones masivas, incluida las de etnias completas como los cozakos. Millones de personas perecieron o fueron deportadas, la palabra del Partido y aún más la del líder eran incontestables so pena de perder la vida. El parecido con la monarquía por derecho divino de los zares y con el credo religioso que la apoyó y dio legitimidad era evidente.


Stalin se convirtió, una vez fallecido, en el chivo expiatorio de sus propios subordinados, que querían lavarse las manos por los millones de muertos durante la represión, el dirigente Aristov había declarado. “Quisimos crear un dios y en su lugar creamos al diablo”, más tarde Nikita Krushov, nuevo líder del Partido dijo que “solo el diablo sabe porque hubo tantos muertos”.


Cual nueva Edad Media la ausencia de libertad de expresión, de conciencia siquiera, la obstinación de creer que la historia es una línea recta con un final glorioso (como las religiones) terminó de ahogar al comunismo soviético frente a un rival ideológico más flexible, oportunista e igual de ambicioso como el capitalismo. La URSS se hundió, socavada por sus adversarios pero más por sus propios errores, su incapacidad de cambiar, aceptar equivocaciones y adaptarse.


El régimen soviético recuerda que las malas ideas pueden pasar de un lugar a otro aunque ambos estén en extremos irreconciliables, al declararse ateo el imperio euroasiático hizo poco o nada por promover las bases de un verdadero estado secular, donde se respetaran las libertades individuales, el pensamiento libre y la investigación científica, por el contrario se convirtió en una copia “descafeinada” de las teocracias cristianas tan comunes en la Europa medieval y en el mundo árabe actual con su Islam, solo que en lugar de la Biblia y el Corán tuvo el Manifiesto y el Capital. El ateísmo fue solo una careta de un gobierno dictatorial que se fundamentó en los peores vicios de los dogmas religiosos.


El comunismo ya es pasado, quedan residuos en China, Cuba y Corea del Norte, la ideología de Marx y Engels se fue para no volver jamás, queda sin embargo su padre no reconocido, la religión, tan boyante en Oriente Medio y silenciado aunque presente en el mundo occidental y, mientras exista, mientras tenga la oportunidad de recobrar o aumentar su poder dudará poco en volver a sus viejos métodos, los que se utiliza cuando no hay tolerancia, cuando los postulados solo se sostienen en dogmas improbables basados en la fe, el idealismo o la fuerza bruta…ninguna idea que se sustente de esa manera debería ser tomada en serio.

1 comentario:

Stefano dijo...

Este texto se aplica muy bien a "democracias" como U$A.