miércoles, 19 de noviembre de 2008

Genocidio indígena, Reducciones, San Roque y los jesuitas

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"Era en efecto natural que dichos religiosos dominaran y dirigieran a los indios con la facilidad que no deja nunca de ofrecer un pueblo expatriado y poseído de un terror pánico".


Félix de Azara, explorador argentino (1742-1821)



Un título tan largo tiene justificación en un tema polémico y también de extensa discusión como son las Reducciones Jesuíticas, existentes en el periodo de conquista y colonización de América.


Ya sé que no suena a nada ¿reducciones qué?, puede que se haga una idea si alguna vez vio “La Misión” (Reino Unido, 1986) esa buena película ganadora de un Oscar a la mejor fotografía y nominada a seis reconocimientos más. Bien, si usted la vio recordará a Robert De Niro (el de la foto) escalando una pronunciada pendiente mientras arrastraba una enorme red con utensilios de hojalata como penitencia por matar a su hermano, para después unirse a Jeremy Irons en la Misión, una especie de paraíso terrenal para los desdichados indígenas guaraníes creado por la "Compañía de Jesús”, más conocida como los jesuitas.


Los personajes del filme son ficticios más no el lugar que lo inspiró, las Reducciones de Indios fueron obra de los jesuitas, existieron y se asentaron a los largo de la Gobernación del Río de la Plata y del Paraguay durante el siglo XVII como una nueva modalidad de “evangelizar” a los indígenas sin necesidad de torturarlos, esclavizarlos o matarlos, cosa común en aquellas épocas.


La Compañía de Jesús y las Reducciones


Fundada en 1534 por el vasco Ignacio de Loyola, ex militar venido a religioso, la Compañía de Jesús nació con fines proselitistas y desde sus inicios se caracterizó por enviar misioneros a todo el mundo, tal y como sucedió en la América indígena una vez los españoles se tropezaron con el continente, para mala fortuna de sus habitantes.


Los jesuitas, conocidos como los “intelectuales” del catolicismo romano, fueron el brazo “evangelizador” de la conquista junto con otras tantas órdenes religiosas, sin embargo en un momento determinado de la historia vieron con incomodidad la violencia con que los europeos invitaban a los indígenas a convertirse al cristianismo y decidieron crear las reducciones de indios, especie de exilio para los perseguidos.


Uno de los precursores fue el cura Roque González, quien dirigió al menos seis de ellas durante dos décadas y, paradójicamente, murió asesinado por los guaraníes que quería “salvar”. El sacerdote fue canonizado por Juan Pablo II y los católicos lo llaman San Roque González, su fiesta se celebra el 20 de noviembre.


La benevolencia de las reducciones sigue siendo motivo de discusión entre los historiadores, si bien el trato para los indígenas era en términos generales mejor que fuera de ellas muchos cuestionan que los aborígenes fueron utilizados como manos de obra barata, servidumbre, y que las misiones jesuitas no eran otra cosa que industrias donde los menores costos de producción generaban enormes ganancias, lo que causó la animadversión de otros colonos que los veían como competencia desleal debido a que no necesitaban perseguir ni capturar a los nativos que, obligados a elegir el menor de los males, se unían a los jesuitas por propia voluntad.

A pesar de eso gozaban del respaldo del Vaticano y el temporal beneplácito de la Corona española y portuguesa.
Cacambo, personaje creado por Voltaire en “Cándido o el optimismo” decía no sin ironía sobre los jesuitas que “Los padres son dueños de todo y los pueblos no tienen nada; es la obra maestra de la razón y la justicia. No sé de nada más divino que esos padres, que aquí hacen la guerra a los reyes de España y Portugal y los confiesan en Europa; aquí matan a los españoles y en Madrid les abren el cielo”.

Para muchos creyentes de hoy las Reducciones creadas por los jesuitas eran un ejemplo de amor cristiano y verdadera evangelización, sin embargo cabe la pregunta ¿tenían otras opciones los autóctonos? ¿Podían negarse a la conversión sin ver su vida en peligro? ¿Eran libres de vivir a su modo? La respuesta es no, los aborígenes fueron las tristes víctimas de un juego en el que estaban destinados a perder. Aunque los jesuitas les ofrecieron una opción menos violenta lo cierto es que igual los coaccionaron para que abandonaran sus costumbres, a acoger una religión extraña y a aceptar los términos de una cultura agresora, en ese aspecto los religiosos católicos fueron, de una forma o de otra, un arma más de una masacre cultural y humana cuyos costos aún se contabilizan. Puede ser que los nativos que asesinaron al cura González entendieran muy bien la trampa.


Hilando más delgado, la esclavitud y explotación de los nativos americanos y la obligación a aceptar un credo extranjero es un ejemplo clarísimo de cómo se ha extendido el cristianismo en el mundo, valiéndose de la fuerza de las armas, testimonio ajeno a la imagen de religión de paz que quiere proyectar hoy. De no ser por la superioridad militar europea no es difícil imaginar un mundo donde el cristianismo represente un aún menor porcentaje de la humanidad que el 30% que ostenta hoy. El cura Roque y los jesuitas son solo una versión moderada de la barbarie, mixtura entre la codicia y el fanatismo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy interesante Cesar.
Y pues sin duda, con la venia de Juan Pablo II se santificanpersonajes de dudosa reputación. A esto nos tiene acostumbrados laCatólica S.A, pues nada, es una buena técnica para ganar adeptos,especialmente en los países de donde provienen los "santos" de turno.

Alex G.