lunes, 27 de octubre de 2008

Los Macabeos, de patriotas a santos




Existe una línea muy delgada entre la realidad y el mito, dicha línea es cruzada a menudo gracias a la admiración o el afecto que una o varias figuras históricas ejercieron sobre pueblos y naciones, tal es el caso de los macabeos(1), patriotas judíos venerados por su pueblo y por el cristianismo.

Retrocedamos el reloj a la Judea de hace 2206 años, el pueblo hebreo es vasallo de la dinastía Seleúcida, una de los reinos en que se dividió el gran y efímero imperio de Alejandro Magno. Los reyes seleúcidas buscaban fortalecer su dominio helenizando (o sea extendiendo la cultura griega) a los pueblos subyugados, como los judíos, y claro, cuando algo se quiere imponer a la fuerza esto genera resistencia. El asunto es que algunos en Judea, las clases más altas y educadas y la aristocracia sacerdotal (Saduceos) recibieron de buen gusto las costumbres griegas, más cosmopolitas, tolerantes y sofisticadas, pero otro sector, el clero conservador (Asideos) y las clases populares más bien se indignaron ante la posibilidad de verse obligados a compartir espacio con religiones extranjeras. La pugna se dividió en dos vertientes, contra los opresores y entre los mismos judíos, en la segunda la gota que derramó el vaso fue la caída del sumo sacerdote conservador Onías III a manos de Jasón, su hermano, quien pactó con los seleúcidas para continuar la extensión del helenismo, derivando en más enfrentamientos y en la imposición de medidas más rígidas por parte del rey Antíoco Epifanes, a quien se le recuerda además por incendiar Jerusalén, saquear el templo y bajar a Yahvé del altar para poner a Zeus.


Entonces apareció Matatías, sacerdote tradicionalista que, indignado por la realización de un culto a Zeus en el templo, asesinó a un judío helenizado y al comisionado real lo que desembocó en una nueva ola de belicismo y en la muerte del caudillo en el 166 AEC (2), a este lo sucedió su hijo mayor, Judas, apodado el Macabeo (el Martillo) que rechazó las propuestas del libertad religiosa de los monarcas sirios (causa verdadera del conflicto) e inició la creación del reino judío, aprovechando que los Seleúcidas estaban ocupados peleando con los Partos. Judas decapitó al general enemigo Nicanor y puso su cabeza en una pica a la entrada de la ciudadela y acto seguido purificó el templo. Hoy el judaísmo celebra este hecho en el Hanukká. Paradójicamente fue el líder judío quien, para combatir a los paganos griegos inició contactos con otros paganos, los romanos.

Con Matatías y Judas comienza la leyenda de los macabeos y de la dinastía Asmonea (familia de Asmón) la cual se extendería con Jonatás, Simón y con Juan Hircano, quién saqueó la tumba de David para sobornar a sus enemigos, fue el único que evadió una muerte violenta y tuvo tiempo para extender la “guerra santa” (término sospechosamente actual) a reinos cercanos para recuperar los territorios de la legendaria Israel de David y Salomón (3). El hijo de Hircano, Aristóbulo, arrojó a sus hermanos a la cárcel y en ella dejó a su madre morir de hambre. Alexandros Jannaios, hermano de Aristóbulo se enemistó con los fariseos (judíos también) y crucificó a 800 de ellos luego de una sangrienta guerra civil y en la actualidad es conocido por muchos historiadores como “el sacerdote malhechor” debido a su afición a la piratería.

La monarquía asmonea sobrevivió algún tiempo más a duras penas, entre intrigas palaciegas, asesinatos y la influencia cada vez mayor de potencias extranjeras hasta acabar bajo el dominio romano, luego de que Pompeyo se hiciera con el dominio de Jerusalén en el 64 AEC. El breve estado hebreo pasó del dominio Seleúcida al del Roma, del cual nunca pudo liberarse y que significó el inicio de la diáspora judía casi dos siglos mas tarde.


Hoy a los macabeos se les recuerda como héroes, patriotas libertadores, título que puede aceptarse como adecuado si se mira desde el cristal del Israel moderno, pero también son catalogados como defensores de la religión verdadera, hombres santos, reconocimiento que reciben no solo de la fe judía sino de la cristiana, que los coloca en el santoral (25 de octubre) a pesar de la paradoja de vivir antes de Jesús de Nazareth, justificada por el mismo Agustín de Hipona, padre del cristianismo que afirmó de ellos que “antes de la Encarnación de Cristo ya lucharon por la Ley de Dios hasta dar la propia vida”.


Los macabeos eran hombres de su tiempo, ni mejores ni peores, pero sin duda su fanatismo, su convicción ciega de que defendían la religión verdadera les impidió ver más allá de su pequeño mundo; su devoto fanatismo, tan alabado por las grandes religiones monoteístas fue el modelo para futuras guerras santas y de manera preocupante se asemeja mucho a la visión islámica de la Jihad de nuestros días, miles de hombres y mujeres en incluso estados obsesionados por la fe, dispuestos a darlo todo por su versión improbable del mundo, incapaces de razonar más allá de sus creencias y seguros de que la política y la religión son la misma cosa, concepto que no es exclusivo de ellos, basta mirar a los fundamentalistas cristianos estadounidenses y a los solapados intentos del catolicismo para recuperar algo del poder político que alguna tuvieron, para entender que el espíritu macabeo vive aún entre nosotros.
(1) La Biblia católica contiene dos libros titulados “Macabeos”, historia que también cuenta la tradición escrita judía. Existen cuatro libros sobre ellos de los cuales dos (el 3 y el 4) son considerados apócrifos por el catolicismo y los cuatro por el protestantismo.

(2) AEC, “Antes de la Era Común”, es una abreviatura que algunos especialistas utilizan hoy para evitar el muy usado “Antes De Cristo” (ADC), al reconocer la diversidad cultural y religiosa del mundo. Además no se sabe a ciencia cierta cuando nació Jesús de Nazareth e incluso algunos historiadores dudan que él existiera cómo lo conocemos hoy, debido a la carencia de pruebas. También prefieren contar los años en retroceso como se hizo al principio de este artículo al citar “la Judea de hace 2206 años”.

(3) Es de aceptación popular que existió un glorioso reino de David y Salomón, sin embargo el famoso arqueólogo judío Israel Finkelstein y el historiador también israelí, Neil Silberman, aseguran que tan cosa nunca existió y que ambos monarcas fueron en realidad líderes tribales de un reino pequeño y pobre, Judá, vecino de otro más próspero, pagano y poderoso, Israel, y concluyen que la idea de un solo reino es una invención política y religiosa del monarca hebreo Josías para justificar sus guerras de conquista en el siglo VII AEC.



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