jueves, 9 de octubre de 2008

El Papa de los nazis





Hablar de la vida y obras del Papa Pio XII (Eugenio Pacelli) es redundar en una polémica que lleva décadas pero ante las pasmosas declaraciones de Benedicto XVI (insiste en beatificarlo) es necesario recordar quién fue el líder de la iglesia católica romana de 1939 a 1958.


¿Pio XII era nazi? No en el estricto sentido de la palabra, ¿era antisemita? seguro que sí ¿un hábil diplomático con pocos escrúpulos más que un líder religioso? Sin duda. El historiador católico John Cornwell redactó todo un libro demostrando, con los mismos documentos del Vaticano, las posturas de Pacelli. Es importante subrayar que Cornwell no quería inculpar al pontífice pero su imparcialidad como investigador lo llevó a declarar que “A mediados de 1997 me encontré en un estado de shock moral. El material que había juntado no apuntaba a una exoneración sino a una acusación aún más escandalosa.”


Escribe Cornwell en su libro que la encíclica Humani Generis Unitas (La unión de las raza humana) manifestaba que “Los Judíos eran responsables de su destino, Dios los había elegido, pero ellos negaron y mataron a Cristo. Y “cegados por su sueño de triunfo mundial y éxito materialista” se merecían “la ruina material y espiritual” que se habían echado sobre sí mismos. El comunicado papal se conoció hasta hace muy poco, a pesar de ser escrita en 1938.


“Pacelli, convertido en Papa el 12 de marzo de 1939, sepultó el documento en los archivos secretos y les dijo a los cardenales alemanes que iba a mantener relaciones diplomáticas normales con Hitler.”, denuncia el escritor.


Y lo hizo. Pacelli nunca denunció las persecuciones de los judíos en Alemania y siempre trató de mantener relaciones diplomáticas cordiales con el gobierno de Adolfo Hitler, aunque tuviera noticia de sus desmanes.

Según Cornwell hacia 1942 Pio XII sabía de la solución final de los nazis gracias a informes de los Aliados, recibió múltiples exhortaciones para que condenara el genocidio, las cuales rechazó, incluida una del presidente Franklin Roosevelt, al que le dijo que él, como Papa, estaba moralmente por encima de las partes beligerantes. Fue hasta el 24 de diciembre de ese año que el pontífice habló de
“aquellos cientos de miles que, sin culpa propia, a veces sólo por su nacionalidad o raza, reciben la marca de la muerte o la extinción gradual”. Esa fue su denuncia pública más dura contra el régimen genocida de Hitler, y cuando ya se veía venir su derrota.


Débil defensa


Algunos partidarios actuales de Pacelli lo defienden alegando que escondió judíos de la persecución nazi, si claro, mientras guardaba silencio por los millones muertos en los campos de concentración, disolvía el partido católico alemán y estrechaba la mano del Fuhrer. Dicen que de haber denunciado abiertamente al Tercer Reich la situación hubiera sido peor, ¿peor?


Ahora, 50 años después de su muerte, aparece Benedicto XVI queriendo beatificarlo, y afirmando que se le malinterpretó y tergiversó. Historiadores y comunidad judía se oponen a que Pacelli suba al panteón de los santos. 


Honestamente a mi me tiene sin cuidado el concepto católico de la santidad, lo que preocupa es que se quiera hacer pasar por bueno a un hombre tan cínico..


1 comentario:

Hugo Mora dijo...

Muy, pero muy bueno este artículo. Es que lograste demostrar, con el ejemplo de Franco y la PB en contubernio, lo peligroso, lo grave y lo indeseable de que ocurra lo que dijo el tal batudo. Hoy día muchos historiadores concuerdan en que lo que hizo Franco, ya en el poder, como represión, fue todavía peor que lo hecho durante la guerra. Porque para entonces tenía todos los medios para buscar la armonía y hacer uso del famoso perdón cristiano; hizo todo lo contrario: dejó sin trabajo a muchos, anuló todos los matrimonios civiles, metió a la cárcel a gente por el simple hecho de que no se manifestaron durante la guerra a favor de los facciosos, obligó a miles a exiliarse e impidió el regreso de otros tantos. Y todo con el apoyo de la PB local y del papa---natas en Roma.

Me alegro mucho de que La Prensa te haya aceptado un artículo así. Eso me da ánimos. Muchos años atrás escribí para ese periódico, pero luego me desanimé. Es bueno que este diario haga honor a su nombre.

Ya que mencionaste el caso de Edgardo Mortara, ¿no te parece que a mucha gente le interesará saber más del asunto? Que es otro caso de conjunción entre el poder espiritual y el civil, en este caso en manos de un solo individuo: en ese tiempo todavía existía el enorme Estado Pontifico, gobernado por el papa---natas con mano dura. La familia judía de Edgardo vivía en Bolonia, gran ciudad al norte de Italia, entonces –para su desgracia- parte de las posesiones papales, por lo que ante el secuestro no había autoridad civil a la cual acudir: el papa---natas concentraba en sí todos los poderes. (Hay mucha información en Internet).

Saludos,

HM